domingo, 7 de diciembre de 2008

Plasmando más allá de los ojos...

Al escribir describimos lo inenarrable con palabras. Nos rodea un mundo absurdo e irreal del que conseguimos escapar con boli y papel.
Tener imaginación dicen algunos, pero basta con sentir. Sentir en cantidades desproporcionadas e impregnar el folio con el alma.
Todo se convierte en una burbuja, en la que estamos aislado de esta zúrrela vida.
Muchos definen nuestros textos como sombríos o inentendibles. Pero no hay nadie capaz de entender lo que una verdadera persona siente, más que el que se asemeja y forma un paralelismo con sus sentimientos.
¿Por qué será que nos salen esbeltas palabras cuando estamos nostálgicos o deprimidos?
Conseguimos trazar miles de concatenaciones que son nuestro único medio de escape.
La escritura es imposible de describir.
Enamorarse o acercarse a la muerte son los motivos protagonistas de la poesía.
Amor sinónimo de poesía.
Aquella poesía que con metáforas nos trae los más significativos versos cargados de invencibilidad ante la muerte.
Esa que ya no es temida y en ocasiones buscada.
Pensamos que es la mejor manera de dejar de sufrir y sentir.
Es comprensible dejar de sufrir, pero olvidar para siempre tus sentimientos…
No, no queremos que nos arrebaten aquello que nos mantiene en pie.
Que es lo que tenemos para estar siempre unidos.
Luchemos un día mas por aquello que hace que por muy solos que estemos, siempre estemos acompañados.
Porque la escritura deja de llamarse así cuando empiezas a usar el corazón, y se llama plasmar sentimientos.

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